Te proponemos la lectura de este artículo de Ruth Liliana Levin:

 

Cuando escucho a alguien contarme una historia de su infancia, siempre me queda claro que la historia revela más de la persona que narra que de lo que le aconteció “realmente” en el pasado. Como diría Borges, el pasado es solo la construcción de un recuerdo presente y como toda construcción, es dinámica y puede ser modificada. Si el pensamiento narrativo sostiene la construcción de una narración continua en forma de “novela de vida”, la revisión permanente de lo ya “escrito” derivará inexorablemente en un reajuste de lo que estamos “escribiendo” y condicionará, además, el espíritu de lo que “escribiremos” en el futuro.

 

“Pero entonces, ¿aquello que recuerdo pasó o no?”.

 

El pensamiento narrativo no cuestiona la autenticidad del hecho narrado sino que se concentra en la forma que hemos elegido narrarlo, esa forma, esa narrativa, es la que dota de sentido el evento y lo integra dentro del marco más amplio de nuestra organización narrativa actual.

 

Ejemplo:

 

1. “Mis padres estuvieron ausentes durante gran parte de mi infancia. Estaban demasiado ocupados trabajando”

2. “Como mis padres no estaban en casa, yo pasaba largos ratos en lo de mi amiga Rita. Ella me enseñó a montar en bicicleta.”

 

Los padres son los protagonistas de la narrativa 1, la narradora es un sujeto pasivo. Nos la imaginamos sola en casa, observando el reloj, contando los minutos que faltan hasta el regreso de papá y mamá.


Sin embargo en la narrativa 2, ella es la protagonista y resulta que mientras sus padres estaban ausentes, visitaba a su amiga Rita y aprendía a montar en bicicleta. ¡Y seguro que se divertían un montón!

 

Resumiendo: la ausencia de los padres, un evento en la realidad, puede derivarse en dos narrativas completamente distintas, colocando a la narradora en diferentes posicionamientos con respecto al mismo. La elección de narrar de una forma u otra dependerá de su intención en el momento actual de la narración, en este caso si la intención de la narradora es provocarnos pena o no.

 

La revelación que nuestra historia es una “obra en marcha” es una noticia alentadora ya que este hecho nos abre la puerta a la posibilidad de liberarnos de la tiranía de nuestras narrativas establecidas o, en palabras del escritor  americano Tom Robbins:

 

“nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz”

(de la novela “Naturaleza muerta con pájaro carpintero”)

 

 

¿Y tú, qué te cuentas?

 

Cuando cuentas tu vida estás en realidad contando un relato. Puede que incluso no sea igual al que te cuentas a ti mismo. En tu relato:

 

¿Eres tú el protagonista?

¿Se desarrolla en un contexto que te gusta?

¿Te sientes conectado con lo que vives?

 

Si no estás conforme con uno o más de ellos has llegado al conflicto, al reto. Ese punto en que el protagonista de la historia tiene que viajar, luchar contra enemigos y elementos, conseguir retos y realizar cambios.

Si este es tu caso, y deseas reescribir tu historia con uno, o varios, finales apasionantes, emocionantes, retadores y felices ... Cuenta conmigo. Deja de funcionar en automático y pasa a manual. ¿Qué deseas para tu vida? Tus necesidades serán nuestros objetivos:

Tú eres la historia que cuentas de ti y la que te cuentas. Tú eres tu propio proyecto.

 

 

Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz